¿Para qué el poema?
Es un deber con tu intimidad, con tu alma. No se trata de escribir poesía, sino tu poesía. Dejar en palabras esa parte tan secreta del ser, desconocida para uno mismo, que florece con el poema. El poema dice a otros, pero sobre todo al poeta mismo: “Tú eres esto.” Es un destino que te acompañará hasta el día de la muerte.
¿Se lamenta del destino?
Mi lucha es con el poema, con las palabras. Mi vida está hecha precisamente de eso, de ir siguiendo el paso del poema. Lejos de lamentarme, ser poeta ha sido una ayuda enorme para vivir.
La esencia...
La poesía tiene que ver con lo sagrado. Escribir poesía de verdad, no escribir retórica, ni cosas bonitas, sino las verdades esenciales que te acompañan, que encierras en el alma, es como una llave de lo sagrado. Escribir poesía es orar. Si el poeta no está orando, no está haciendo poesía, sino retórica, figuras frías, ingenio. Como poeta estoy en contra del racionalismo seco, estéril, contra la esclavitud de lo racional. Lo racional no basta.
Identidad...
Una planta que crece.
Temer...
El poema va a donde uno no sabe, no puede o no se atreve a ir. Eso es lo que hace el poema. El poema no teme, va.
Hay una aridez a la que es mejor no acercarse...
La miseria está dentro y tiene que salir en el poema. Si no sale, el poema es falso, es manco, sería un poema que ha perdido la agilidad, la soltura para moverse en el mundo de los hombres.
El destino del hombre...
El destino del hombre no es la felicidad. Hay que saber sufrir y saber que ese sufrimiento nos está formando y nos está dando una plenitud, una cierta verdad sobre las cosas. Prefiero a poetas menos felices, como Baudelaire. Ahí está presidiendo mi estudio. Ahora, si el poeta no es amigo de sí mismo, no puede escribir poesía. Tienes que quererte, con tus debilidades, que conoces mejor que nadie, pero quererte.
lunes, 27 de noviembre de 2017
martes, 7 de noviembre de 2017
La Balada del despertar
"Cuando un adulto entra en el Mundo de las fábulas, ya no puede salir más".
Vivía en el Mundo mágico, era un Héroe, el principio de este largo relato, lo maravilloso naturalmente formaba parte de su vida de todos los días. En la casa dorada, Yezidi, adorador de lo Oscuro, iniciado en los secretos ocultos más misteriosos, responde ante la pregunta tajante:
...."Como todo el Mundo: ser mejores".
Verdad de una simplicidad luminosa que dice mucho más.
En su comedia humana, somos capaces de decir todo, pero también lo contrario. Lo esencial es abordar la vida como una aventura, con fantasía y júbilo. Todo un arte.
"He querido ofrecerte una emoción, porque llevabas contigo un Mundo fantástico. Dispuesto a surgir en cualquier momento, un gesto imperceptible y se transformaba, improvisaba unos diálogos hilarantes, con que los objetos cobraban vida, y se rebelaban. "
Toda energía en un cuerpo desbordante, Salomón.
Los años son siempre un poco largos.
jueves, 26 de octubre de 2017
Mirarte
"...la cara de mis alucinaciones. Los ojos alucinados. Los rasgos angulosos, tallados por el dolor. El hombre soñador, diabólico e inocente, frágil, nervioso, potente. Cada vez que se cruzan nuestras miradas, me sumerjo en mi mundo imaginario. Realmente, es un hombre alucinado y alucinante."
Sabía que era tan sólo un niño cuando lo conocí,
sabía ser él mismo aunque no supiera realmente que yo le veía descalzo
de pies a cabeza,
su mirada fuerte sentía ese abismo y me decía que quería la aventura de la vida.
Yo lo seguí, era habitual en mi seguir ese tipo de conductas, desarraigadas,
ambivalentes, quería su ser más que nada, su voluntad.
Una tarde dejó todos sus máscaras y se puso a llorar,
el día era frío y esperábamos el tren, aunque él nunca esperaba nada realmente,
viajábamos al Norte, pero él a ningún lado, siempre parecía tan lleno y tan perdido.
Sordo, ciego, mudo, de sus sentidos humanos,
aunque consciente, vivió una vida larga y maravillosa, realmente dentro,
muy dentro, había algo más, que tan sólo palabras,
había un ser que gritaba y reía, que sentía de una forma tremenda,
pero no sabía realmente que era,
aquel pequeño niño que lloraba cuando el Sol no quería salir de él.
Una mañana lo vi desde muy lejos,
él preso de una inmensa calma sobre la montaña, muy alto, muy lejos,
apenas apreciable, tenía una postura erguida, y una mirada más lejana que como yo lo veía
y el sabía,
que siempre estaba ahí y él no, él era esencia, producto, viveza, candor,
yo era fría sobre el manto de la vida.
Aquel Sol que llevaba dentro, nunca salía, nunca era visible,
porque decía él, que le dolía llevarlo, que no podía mostrarlo, porque el peso era enorme,
y era consciente que el peso era profundo, más profundo que algo apreciable,
no debía dejarlo salir a la luz del día,
aún era muy temprano, y le causaría un profundo dolor.
Siempre supe que morir en vida sería algo difícil y aún así sigo en pie caminando cada día sobre mis parpados pesados como el hierro.
Inocencia
Mi pequeño rostro de arena recorre tú luz,
mira como eres, ahora que estás hecho de sal
y que tus manos saben querer.
Hace muchos años escribí una historia,
que alzaba los corazones con tan sólo escucharla,
esta historia no era para cualquiera,
sino para los oídos capaces de oír,
en lo más profundo:
La luz poso la mirada sobre cada pétalo,
nuestros rostros se volvían rectos,
y nuestros ojos grises sobre la más cálida luz del Sol,
calzaban con un espíritu colérico.
Cierra los ojos sobre tus vacíos,
hay un niño de fuego.
Muy joven sentí lo duro y frío de la existencia,
mis ojos vieron el dolor de cerca,
mi corazón seguía latiendo y mi ser se desmoronaba,
déjame morir un minuto más.
Cuando abrí los ojos dentro de la fría muralla de piedra,
sentí la soledad más profunda del Mundo,
y mis ojos se hicieron trizas,
y tuve que ser más fuerte de lo que podía.
No pude gritar cuando lo vi morir a causa de mí,
su pies fríos, la sangre corría en su pecho fuerte.
De niña pude ver, a los que se miran tras la ventana,
rostros sucios, rostros duros, invisibles para mí,
que huía con un tono inseguro,
de mis pies de niño,
de mi inocencia perdida.
Un ser corrompido.
martes, 17 de octubre de 2017
Retrato de un Aventurero
"Soy el Océano Pacífico. El mayor de todos. Me llaman así desde hace mucho. Pero no es cierto que esté siempre así. A veces me enfado y la emprendo con todo y con todos. Hoy mismo acabo de calmarme de la última rabieta. Creo que barrí tres o cuatro islas y destrocé otras tantas cáscaras de nuez, de ésas que los hombres llaman barcos"...
“Yo no tengo enemigos, sólo mis propios intereses”...
miércoles, 11 de octubre de 2017
Cumbre
“A veces también se me acaban las sonrisas para ti, a veces también se me acaban las ganas de escribirte. Pero te quiero, ojalá lo entiendas, siempre te quiero, pero a veces mis abrazos no tienen calor y mi boca no sabe que decir…"
"Abandono de todo plan literario. Las palabras son más terribles de lo que me sospechaba."
viernes, 6 de octubre de 2017
Sara en el umbral
La mujer que ensueña con un velo de razón
que te estremece sobre sus brazos de hiel
con sus cabellos serenos, tranquilos,
infinitos sobre su nuca y su piel.
Mira la razón que cuela sobre sus párpados húmedos
y entiende más de lo que sientes,
te sobrecoge con sus ojos pálidos,
y quiere ser más.
Bajó de un tren para esperarte en su sombra,
que cálido es sentirse de esa manera.
Verla ante la penumbra y saber que te observa.
Llorar fue lo que hiciste ayer.
Me paro ahora frente a tú paisaje.
Bajo esa Tierra sin caminos.
Hay muchas razones para mí para desaparecer.
Ayer yo existía sin saberlo.
En medio de este paisaje la naturaleza es mía.
Una benigna razón gobierna, cuando el origen de las estrellas
es probado sobre nosotros.
Estamos llenos de secretos,
él podría estar un poco exaltado,
sabes que he pasado tiempo sobre el cáliz de fuego,
y es cierto lo que se ha dicho.
Esa abrasadora mirada que intenta decir,
regresemos a nuestro Mundo.
Escribo del ápice de la voluntad,
sé que a veces decirte que ya he vivido mucho no es suficiente,
la experiencia vuelve a mí y también saber comenzar.
En su pecho desnudo vi nacer una luz,
su camino es un poco más brusco,
un poco más absurdo, entre fuego y hiel.
Apresurada entrega, ciñe, su figura tenue.
La marea se torna pesada y la llave sufre.
Se tornan azules los seres que ella ve,
la Mujer que había sido siempre sobre la copa de la vida.
Hacer frente a Sara en el umbral de la inocencia.
Ella camina, y ve profundamente a través de ti.
Cuando pronuncias su nombre aparece en el umbral,
su mirada es dura para muchos,
azules son quienes entienden la décima parte del Mundo,
quienes enfrentan sus ojos, giran en un Mar de brumas.
Espera, tranquila, incauta,
a los pies del jardín, al comienzo del camino.
El caballo ruge, se aploma,
poseído por la voluntad de quien aguarda.
Las raíces calan ondo en quienes tienes los rostros azules,
Sara, es díficil de obedecer a mis instintos,
eres un hombre vestido de oro.
No puedo mentir y no tengo elección alguna.
Destrozó su rostro y se fue a la fuga,
sentir el frenesí, la exaltación, la lucha;
¿Qué de bueno hay en morirse?
cuando simplemente no sabemos que hacer.
Aguarda en el umbral hasta el amanecer,
tú propio amanecer,
que la lluvia del invierno sea tú sangre.
Sara me abrazó y me sostuvo,
cuando caí hasta lo profundo y sostenía mi voluntad,
con temor, con miedo.
que te estremece sobre sus brazos de hiel
con sus cabellos serenos, tranquilos,
infinitos sobre su nuca y su piel.
Mira la razón que cuela sobre sus párpados húmedos
y entiende más de lo que sientes,
te sobrecoge con sus ojos pálidos,
y quiere ser más.
Bajó de un tren para esperarte en su sombra,
que cálido es sentirse de esa manera.
Verla ante la penumbra y saber que te observa.
Llorar fue lo que hiciste ayer.
Me paro ahora frente a tú paisaje.
Bajo esa Tierra sin caminos.
Hay muchas razones para mí para desaparecer.
Ayer yo existía sin saberlo.
En medio de este paisaje la naturaleza es mía.
Una benigna razón gobierna, cuando el origen de las estrellas
es probado sobre nosotros.
Estamos llenos de secretos,
él podría estar un poco exaltado,
sabes que he pasado tiempo sobre el cáliz de fuego,
y es cierto lo que se ha dicho.
Esa abrasadora mirada que intenta decir,
regresemos a nuestro Mundo.
Escribo del ápice de la voluntad,
sé que a veces decirte que ya he vivido mucho no es suficiente,
la experiencia vuelve a mí y también saber comenzar.
En su pecho desnudo vi nacer una luz,
su camino es un poco más brusco,
un poco más absurdo, entre fuego y hiel.
Apresurada entrega, ciñe, su figura tenue.
La marea se torna pesada y la llave sufre.
Se tornan azules los seres que ella ve,
la Mujer que había sido siempre sobre la copa de la vida.
Hacer frente a Sara en el umbral de la inocencia.
Ella camina, y ve profundamente a través de ti.
Cuando pronuncias su nombre aparece en el umbral,
su mirada es dura para muchos,
azules son quienes entienden la décima parte del Mundo,
quienes enfrentan sus ojos, giran en un Mar de brumas.
Espera, tranquila, incauta,
a los pies del jardín, al comienzo del camino.
El caballo ruge, se aploma,
poseído por la voluntad de quien aguarda.
Las raíces calan ondo en quienes tienes los rostros azules,
Sara, es díficil de obedecer a mis instintos,
eres un hombre vestido de oro.
No puedo mentir y no tengo elección alguna.
Destrozó su rostro y se fue a la fuga,
sentir el frenesí, la exaltación, la lucha;
¿Qué de bueno hay en morirse?
cuando simplemente no sabemos que hacer.
Aguarda en el umbral hasta el amanecer,
tú propio amanecer,
que la lluvia del invierno sea tú sangre.
Sara me abrazó y me sostuvo,
cuando caí hasta lo profundo y sostenía mi voluntad,
con temor, con miedo.
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